Maestros capacitados y respetados: la clave para transformar la educación en México

Cuando llegué por primera vez a un aula universitaria en México, uno de mis compañeros hizo un comentario que no se me olvida:  “yo no creo en los maestros, son profesionistas frustrados que no lograron consolidar carreras y se conformaron con venir a enseñar.” 

Recuerdo haber pensado, si no cree en los maestros ¿para qué está aquí? Tiempo después me di cuenta que muchos alumnos pensaban así, pues sus papás hacían comentarios similares. Una vez hubo un estudiante que llegó con su mamá a reclamar una calificación y la mamá le dijo al maestro: “yo trabajo en esta industria y sé perfecto cómo funciona, tú no eres más que una maestra y no sabes nada del mundo real. Mi hijo contestó bien el examen, tal vez no frente a la teoría, pero sí frente a la realidad.” 

Imaginen la reacción de la maestra, sintiéndose atacada, vulnerada y además, teniendo que defenderse de una madre de familia que amenazó con difamarla en redes sociales. ¿Para qué mandamos a nuestros hijos a la escuela, sino creemos en la capacidad de los profesores para enseñarles? ¿qué estamos demostrando a los niños? 

Como cualquier ser humano, los maestros no tienen siempre la razón, pero hay que respetar que están ahí para enseñarnos -sobre todo- a pensar y cuestionar, a unir puntos para crear ideas nuevas, hilar conceptos y saber expresarnos, pero también a ser las mejores versiones de nosotros mismos, a mostrar empatía y ser capaces de defender nuestras ideas y valores.

¿Pero qué pasa cuando tanto alumnos como padres de familia, desautorizan, minimizan y no valoran la aportación de los docentes? Cuando eso pasa estamos hablando de un sistema educativo que está poniendo en entredicho su pilar más importante: los profesores. 

Se habla mucho sobre las bondades del sistema educativo Finlandés o Japonés, ambos países generan igualdad de oportunidades y dan a los niños una educación de calidad, donde los estudiantes tienen los mejores resultados en la prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) y son los mejor calificados para ejercer puestos de liderazgo en el futuro. Niños que crecen con verdaderas mentes innovadoras. 

Pero se dice muy poco sobre una de las claves que ha hecho posible estos logros, ambos sistemas tienen dos cosas en común: nunca dejan de capacitar a sus maestros y al darle a los profesores las mejores herramientas, convierten esta profesión en una de las más respetadas socialmente. 

Entrenamiento y capacitación de alto nivel

Leena Krokfors, profesora de Educación en la Universidad de Helsinki, explica que el éxito del sistema educativo finlandés es el alto nivel de entrenamiento por el que pasan los maestros, muy similar al que toman los médicos. Para ser maestro hay que entrar a la universidad y solo el 7% de aquellos que aplican al programa son aceptados. Una vez que entran reciben una educación de alta calidad, que les permite elegir de manera autónoma el tipo de métodos que usarán para sus alumnos. Los padres pueden estar tranquilos de que los profesores reciben la mejor educación.

Esto es muy diferente a lo que se hace en otros países, donde la práctica docente ha terminado por limitarse a administrar los currículums dictados por el sistema, además de ser simples proveedores de exámenes y pruebas para sus alumnos. 

En uno de nuestros viajes de Innovación Educativa a Finlandia, los mismos maestros nos compartieron que tienen pocos exámenes estándar e inspecciones escolares, pues el sistema confía en que cada maestro ha sido capacitado al máximo nivel para tomar decisiones pedagógicas y reconocer lo que necesitan aprender sus alumnos; ellos generalmente se enfocan más en herramientas cognitivas, que en la memorización de datos. Y aunque el gobierno Finlandés no toma en cuenta las evaluaciones PISA como una de sus métricas de éxito, siguen siendo uno de los países con mejor educación en el mundo, lo que demuestra que su sistema está funcionando. 

Respeto al maestro

En una conferencia titulada: ”Los secretos del milagro del sistema educativo finlandés”, la ensayista y pedagoga Inger Enkvist habló acerca de este modelo educativo que tantos países admiran: “La clave del éxito del sistema educativo en Finlandia, es que los padres, los alumnos y el estado respetan a los profesores”, además, la valoración de los maestros va más allá de la remuneración económica, aunque les pagan bien, no son sueldos exorbitantes, pero la valoración social es parte de la retribución. 

Es importante decir que los padres se involucran profundamente en la educación de los hijos, pero a veces, la sobre información, hace que los padres juzguen a los maestros y se dediquen a cuestionar todos sus procesos y métodos, incluso ponen en entredicho su autoridad frente a los niños. Que cada día estemos como padres más pendientes de la educación de nuestros hijos es positivo, el problema es cuando los padres interceden por sus hijos a la menor provocación, descalifican a los maestros, alientan la crítica negativa hacia los profesores en los chats de papás o en redes sociales. Estas actitudes dañinas impiden que los hijos desarrollen autonomía para manejar sus deberes escolares y vean el valor de aprender, más allá del valor de tener la razón. 

Empatía antes que conocimiento

En una sociedad como la Japonesa, donde la docencia es respetada, una de las primeras cosas que se enseñan son que los buenos modales y la empatía, son más importantes que el conocimiento. En las escuelas japonesas, los estudiantes no toman ningún examen hasta que alcanzan los 10 años de edad. Se cree que el objetivo durante los primeros 3 años de escuela no es juzgar el conocimiento o el aprendizaje del niño, sino establecer buenos modales y desarrollar su carácter. 

A los niños se les enseña a respetar a otras personas y a ser amables con los animales y la naturaleza. También aprenden a ser generosos, compasivos y empáticos. Además de esto, a los alumnos se les enseñan cualidades como: determinación, autocontrol y justicia. 

La mayoría de las escuelas japonesas no emplean conserjes ni personal de limpieza. Los estudiantes limpian ellos mismos su escuela, tienen que limpiar las aulas, cafeterías e incluso baños. Al limpiar, los estudiantes se dividen en pequeños grupos y tareas asignadas que rotan durante todo el año. El sistema educativo japonés cree que enseñar a los estudiantes a limpiar, les enseña a trabajar en equipo y a ayudarse mutuamente. Además, dedicar su propio tiempo y esfuerzo a barrer, trapear y limpiar hace que los alumnos respeten su propio trabajo y el trabajo de los demás. Claramente, el respeto por nuestro entorno de aprendizaje es esencial y las exhibiciones de aulas vibrantes y bien ordenadas desempeñan su papel.

La docencia como vocación

Por otra parte, tanto en Finlandia como en Japón, los maestros además de ser altamente capacitados y respetados socialmente, demuestran verdaderamente su vocación de maestros, ya que dedican toda su vida a la docencia. El amor por enseñar no es una ruta de escape, sino una pasión que continúa todas sus vidas, un poco como sucede con los médicos o enfermeras, quienes hacen su labor pensando en un bien mayor, no solo el económico. Esta lealtad a la docencia hace que socialmente se vean como transformadores sociales. 

En México tenemos mucho trabajo que hacer, primero capacitando a los maestros para enfrentar los retos actuales. Pero también debemos educar a alumnos y padres a respetar y valorar la labor de los docentes. Esos simples dos pasos pueden hacer que nuestras escuelas sean mejores entornos no sólo para el aprendizaje académico, pero también para la empatía y los valores.  

Si quieres que tu equipo de docentes tenga las mejores herramientas, no dudes en escribir a info@clublia.com para saber a detalle cómo trabajamos y construimos comunidad para transformar la educación.

Por Zulema Fernández / Directora General de Club LIA