Hoy sabemos, que la educación del Siglo XXI pone al alumno al centro, partiendo desde la perspectiva de que éste ya no es la “tabula rasa” o mente en blanco que se consideraba en los modelos educativos anteriores, en donde como si fuera a través de un embudo, el maestro vertía todo su conocimiento sobre él.

Es decir, el alumno ha pasado de ser un ente pasivo en el proceso de enseñanza – aprendizaje a un colaborador activo en la ejecución de su propio aprendizaje.

Actualmente, sabemos que cada alumno aprende de manera diferente y gracias a teorías como la de las Inteligencias Múltiples de Gardner, sabemos que desarrollan diversas habilidades de acuerdo a su afinidad cerebral o a la estimulación que han recibido y por tanto ningún grupo es homogéneo, a lo que el maestro ha tenido que responder, madurando sus estrategias de enseñanza con el fin de atender a esta misma diversidad.

 

Nuestros alumnos se caracterizan por ser interactivos, curiosos, espontáneos, saben que tienen al alcance infinidad de información gracias a las herramientas digitales, por tanto, la enseñanza ha tenido que traspasar a la mera adquisición de conocimiento, evolucionando para educar también al ser, en la toma de decisiones, liderazgo, autonomía, autorregulación, entre otros aspectos actitudinales.

 

Dentro de estas estrategias también encontramos la generación de experiencias de parte del profesor hacia el alumno. De acuerdo a las características de los alumnos de hoy, la enseñanza ya no puede ni debe basarse únicamente en información consultada de libros, experimentos, resolución de problemas ficticios o memorizar una serie de mecanismos y procesos, si no que las experiencias significativas deben estar presentes como parte de la formación en competencias, recordando que éstas se desarrollan al conjuntar conocimientos, habilidades y actitudes.

 

Esto nos lleva a romper otro paradigma; es decir, no podemos seguir concibiendo la economía del conocimiento como algo local, recordando que no solo somos ciudadanos de nuestro propio estado o país, sino del mundo entero. Los alumnos hoy en definitiva, deben vivir como parte de su proceso de aprendizaje, la vinculación como el proceso generador de nuevas experiencias y competencias.

 

¿Por qué vinculación y no “intercambio”?, porque a diferencia de un intercambio que se relaciona con un cambio recíproco, la vinculación es un  proceso que une y relaciona de manera firme a dos distintas formas de cultura y por tanto formas de vivir, de pensar, aprender, comer, vestir e incluso divertirse.

Adentrarse en un contexto que no es el propio, lejos de traer consigo desventajas derivadas de las diferencias, trae experiencias enriquecedoras que contribuyen a la formación de la persona, pues la mente y la capacidad crítica se abren de manera diferente.

 

Las escuelas hoy tienen la posibilidad de incluir la vinculación  entre alumnos (y también maestros) como parte de sus estrategias didácticas ya sea a través de la tecnología digital al realizar desde un paseo virtual hasta una conexión con comunidades estudiantiles internacionales donde ambas contribuyen a la generación de aprendizaje y experiencias diferentes entre sí.

Pero aún más enriquecedor cuando las escuelas se ocupan en propiciar encuentros físicos entre comunidades estudiantiles, donde ambas partes se encuentran en un punto de reunión, quizá algunos de ellos sean llamados extranjeros, sin embargo, la calidez, humanidad y cariño con la que son recibidos, hacen que no existan títulos ni barreras para la interacción.

Varios maestros y directivos que han tenido oportunidad de propiciar estos encuentros, concuerdan en que para los alumnos se convierte en más que una experiencia “turística”, ya que han sido testigos de cómo alumnos desde grados de Primaria alta, Secundaria y Preparatoria  tienen un alto desarrollo de competencias como:

  • Autonomía.
  • Desenvolvimiento en público.
  • Mejora de sus relaciones interpersonales.
  • Pensamiento crítico.
  • Visión global.
  • Manejo total de otro idioma si es el caso e incluso aunque sea el mismo, aprenden modismos, mayor vocabulario y diferentes usos del mismo idioma.

Por tanto, las escuelas deben ya planear en definitiva estrategias donde puedan incluir la vinculación, ya que como vemos, todas estas competencias, entre otras, pertenecen al perfil del alumno del siglo XXI, quien como veíamos en un inicio, es el protagonista de su propio proceso de aprendizaje y es así como una experiencia de vinculación, le permite tener una visión global de su entorno y de lo que aprende y por tanto, esta será una capacidad que se volverá parte de su vida y de la forma en que tomará decisiones hoy y en el futuro, de cómo elegirá seguirse formando o la persona que quiere ser en la vida adulta, ayudándole a conformar su proyecto de vida en donde indudablemente estará incluido viajar.

Ya lo decía Einstein:
“La mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a su tamaño original”.

Por Emmanuel Alanís
Director Comercial y Consultor en Innovación Educativa de Club Lia.

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