¿Cómo sé cuando una escuela es realmente innovadora?

Tengo una larga trayectoria en el medio educativo y durante este tiempo he conocido escuelas que tienen “miedo a innovar”, otras que dicen que lo harán cuando tengan dinero y personas que “creen” estar innovando, cuando en realidad no lo están haciendode ahí mi motivación diaria de ayudar a las escuelas a pasar de un discurso innovador, a una práctica cotidiana “realmente” innovadora, que no genera gran inversión y no implica riesgos para la comunidad educativa.

¿Qué significa ser una escuela innovadora?

Ser innovador no significa tener instalaciones espectaculares -construidas y diseñadas- con gran inversión, una escuela innovadora es la que busca el éxito de todos los estudiantes, independientemente de sus necesidades particulares y del entorno socioeconómico en el que se encuentren.

La innovación no es una guerra entre modernidad y tradición, ni una pelea entre pedagogías que dan resultado, tampoco es el uso de tabletas o laptops. Innovar es un proceso de cambio, de crecimiento y mejoría. Todas las escuelas que inician un proceso para que los alumnos tengan éxito: están innovando.

Ser REALMENTE INNOVADOR significa cambiar la manera convencional de hacer las cosas para obtener mejores resultados. Cuando hablamos de innovar en educación, entendemos que, invariablemente la mejora en los procesos educativos vendrá del interior de los mismos centros escolares y del colegiado de docentes, pues no podemos asumir que la innovación se dará mágicamente en respuesta a las nuevas legislaciones gubernamentales o en cumplimiento a las reformas educativas que entran en vigor cada sexenio.

Lo clave es y será la motivación que hay detrás, la visión de los líderes escolares, la buena actitud, el esfuerzo de los maestros en hacer cambios, así como la confianza y apertura de los padres hacia la apuesta que viene con la transformación, pues los resultados no siempre son inmediatos y por último, la disposición que tendrán los alumnos de experimentar nuevas formas de aprender.


¿Cómo saber si la escuela está innovando?

La forma más sencilla es observar qué sucede en el aula. Una escuela innovadora tiene “clases emocionantes y divertidas”. Alfredo Hernando, creador del proyecto Escuela21 dice que: las aulas innovadoras son aulas emocionantes. Un aula donde aprender, descubrir, organizar y transformar tanto el mundo que nos rodea como a nosotros mismos, es divertido, estimulante, retador, apasionante y no confunde aprendizaje con repetición y olvido, sino con creación, comprensión, creatividad y sentido. En este tipo de aula, el profesor es un diseñador de experiencias de aprendizaje. Organiza el contenido de acuerdo al orden que logrará una mayor implicación de los alumnos, negociando tiempos, modos y herramientas en un proceso puesto al servicio del desarrollo integral y del aprendizaje a lo largo de la vida del estudiante.


Una escuela innovadora permite a sus alumnos:

Aprender de formas distintas, no todos con el mismo material, las mismas experiencias y en el mismo momento y lugar (pero sí con un currículo compartido).

Trabajar y crecer en equipo, en crecimiento constante, evaluado y demostrado en la mejora de todas las competencias de los alumnos.

Contar con docentes, tutores y expertos conectados, compartiendo el tiempo y el espacio de trabajo para favorecer el aprendizaje individual.

Trabajar en espacios creativos, con flexibilidad, en distintos lugares y con un seguimiento individualizado. 

Aprender de acuerdo a sus niveles de competencia, basado en un currículo general, pero atendiendo las diversas necesidades y estilos de aprendizaje.

Tener grupos de referencia y de intereses comunes, donde las decisiones de gestión se toman en comunidad: alumnos, familias y educadores. 

Medir su éxito no solo por el resultado de las evaluaciones que miden competencias lingüísticas, matemáticas y científicas, sino también por las competencias culturales y artísticas, en la social y ciudadana y en la autonomía e iniciativa personal.

¿Cómo me aseguro que la forma de educar responde a lo que el futuro demanda?


Hay que poner atención en la metodología y pedagogía con la que trabaja el colegio. No es suficiente tener un enfoque, ya sea constructivista, humanista, integral… o considerar que se basan en modelos de aprendizaje específicos como: Reggio Emilia, Montessori o Waldorf, por mencionar algunos. Todo esto es muy bueno y sin duda trabajarán excelente, pero cuando hablamos de innovación es importante considerar que debe permitirse una combinación de escenarios. 

Las escuelas más innovadoras que he visitado, tanto en el país como internacionalmente, son aquellas que experimentan con diferentes escenarios. Comparto cuatro ejemplos:

Trabajan con paisajes de aprendizaje, que convierten las aulas en escenarios y paisajes distintos durante un período de tiempo, permitiendo que la experiencia diaria sea en un aprendizaje vivencial, que mantiene siempre a los alumnos alertas, motivados y con la flexibilidad que las generaciones de hoy demandan.

Utilizan la tecnología como un gran aliado, personalizando el aprendizaje a través de plataformas digitales, que permiten conocer más a los alumnos, recomendándoles actividades más cercanas a sus necesidades. Esta línea está teniendo mucho éxito en las materias en las que siempre hay niveles distintos de comprensión como: matemáticas, ciencias o ciertas áreas de enseñanza de lengua extranjera. También la tecnología es un gran motivador para el alumno, sobre todo cuando se integra realidad virtual, tecnología “touch” o realidad aumentada.

Trabajan con retos o en proyectos, para poner a los alumnos en acción, conectando el aula con la realidad cercana o global. Permitiéndoles imaginar, crear y producir en torno a la transformación social.

Trabajan en comunidades de aprendizaje, que aumentan la participación de los padres de familia dentro de las actividades interescolares. Mamá, papá, abuelos y hasta tíos participan activamente en la educación del menor dando alguna clase, haciéndose cargo de alguna actividad, proyecto o club. Esta forma de trabajar crea lazos familiares fuertes, integra la responsabilidad educativa y genera comunidad.

¿Cómo validar que una escuela realmente ofrece un proyecto educativo innovador?


Fundación Telefónica señala en su decálogo Proyecto Innovador, una lista con criterios para medir el nivel de innovación de un proyecto educativo. Toma en cuenta factores como la incorporación de tecnologías digitales, el modelo pedagógico y el diseño instruccional. Es un checklist para evaluar ideas y determinar su potencial y viabilidad.

Un proyecto educativo innovador:

  1. Es vital: va más allá de la adquisición de conocimientos o de habilidades concretas con oportunidades para la vida futura.
  2. Es activo: se centra en el usuario y en la potenciación de las relaciones sociales de su entorno.
  3. Va más allá del aula: supera los límites físicos y organizativos del aula uniendo contextos formales e informales de aprendizaje.
  4. Fomenta la colaboración: está abierto a la participación de educadores/formadores y usuarios de otros ámbitos distintos a la escuela.
  5. Fomenta competencias del siglo XXI: desarrolla en los usuarios/alumnos conocimientos, actitudes y habilidades para la sociedad del conocimiento.
  6. Provee sentido: mediante experiencias significativas y auténticas en lo personal, estimulando el compromiso emocional.
  7. Ofrece retos: actividades creativas, divergentes y abiertas.
  8. Evalúa: herramienta central de aprendizaje del beneficiario; contemplando la heteroevaluación, coevaluación y la autoevaluación.
  9. Fomenta el uso de tecnologías digitales: aporta a los usuarios/alumnos capacidad para analizar, utilizar, producir y compartir información propia, con medios de comunicación digitales.
  10. Es sostenible: mediante procedimientos para su crecimiento y replicabilidad.

Y si la escuela no es innovadora ¿cómo podría serlo?


Aquí te compartimos diez elementos claves para innovar, según investigaciones y experiencias en centros educativos que han realizado procesos de cambio y transformación. (Dupriez, 2015; Murillo, 2006; Fullan, 2016; Leithwood, 2009).

Los 10 elementos clave para innovar:

1. Tomar la decisión

Innovar es una decisión que toman los líderes escolares y que deben sostener en el tiempo para conseguir resultados, asegurándose que lo estratégico se convierta en operativo y no se diluya en voluntarismo o buenas intenciones. Innovar es una decisión que se realiza siempre en gerundio. Se innova innovando.

2. Un entorno colaborativo y autónomo

La innovación escolar es fruto de entornos colaborativos y no competitivos. No importa quién lo hace primero, sino “cómo lo hacemos entre todos”. A mayor colaboración, mayor autonomía. Un entorno donde se retroalimenta, se corrige y se felicita, es un entorno facilitador de la innovación escolar.

3. Conciencia de la tensión que ocasionan los cambios

Innovar y no incomodar a nadie es un sueño. Las tensiones surgirán en el momento en que se anuncien los cambios en la escuela y se agudizarán en su implementación por una cuestión “humana”. Lo que para algunos será un desafío, para otros será una carga pesada. Las tensiones forman parte de todo proceso de cambio. El problema no es evitarlas, sino aprender a vivir con ellas. Ser conscientes de esta  tensión natural, permite desarrollar ciertas competencias conversacionales para abordarlas de manera satisfactoria.

4. Contexto: ver hacia afuera para innovar hacia adentro

Muchas escuelas están completamente volcadas sobre sí mismas, creen que lo mejor ocurre en el propio centro, que en otros centros no se hace nada mejor, etc. Esta forma de ver la realidad ignora lo que acontece en otras escuelas, porque no se trabaja en red. En este entorno cortoplacista, limitado y de enfoque único, es difícil reconocer innovaciones de otros cursos, docentes, escuelas o países. Por eso recomendamos asistir a los Viajes de Innovación Educativa de Club LIA y al evento Education Makeover, que está disponible para que toda la comunidad educativa conozca qué están haciendo otras instituciones y docentes en la ciudad, en la región, el país y en otras partes del mundo, no para copiar, sino para aprender de otras experiencias distintas y distantes, que probablemente tuvieron el mismo diagnóstico, e implementaron una mejora o innovación que respondía a sus particularidades. Saber lo que está ocurriendo más allá de las paredes y muros es una obligación, es la relación dentro-fuera como motor de innovación. Al hacerlo se construyen relaciones, se arman redes y generan conexiones que benefician a todos los actores escolares.

Arturo Mexicano, Director del Grupo Lafragua, año con año viaja con nuestro grupo para conocer qué están haciendo las escuelas innovadoras de otros países. Toma ideas de inspiración y las convierte en plataforma de lanzamiento para innovar en su propia institución. Además, hace lo mismo con sus maestros y alumnos, permitiéndoles viajar a otros lugares y aprender de todo lo que existe y se puede compartir. 

Ruth Sosa, dueña y directora de Kindergym Texcoco participa también en los viajes de innovación educativa desde hace más de 6 años y como ella dice: “es hacer una pausa en la operación diaria y tomar un respiro para definir los nuevos pasos hacia la innovación… ¿qué más puedo proponerle a mis maestras?, ¿qué más puedo ofrecer a mis padres de familia? y ¿qué cosas podemos mejorar para nuestros alumnos?”.

Arturo Mexicano y Ruth Sosa son dos ejemplos de Líderes Escolares con visión de innovar en la educación, pues su éxito no depende de una sola toma de decisión, ni de una sola metodología implementada, sino de una combinación de elementos que han visto funcionar en otros colegios y que se han atrevido a sumarlos a sus proyectos educativos. 

5. Atención a las pequeñas sociedades

En muchas ocasiones, el simple diseño y puesta en marcha de una innovación no basta para asegurar su éxito, se requiere especial cuidado en las personas que formarán los equipos que la implementarán. A esto le llamamos: “pequeñas sociedades” (de estudiantes, de maestros, de padres de familia). Las pequeñas sociedades articulan, planifican y organizan actividades de aprendizaje. Las pequeñas sociedades son grupos de personas que trabajan por un bien común y construyen una fraternidad basada en respeto y colaboración, esto los hace constituirse como equipos e implementar satisfactoriamente nuevos proyectos.

6. Fomento de “nichos”

A qué nos referimos con nichos: a detectar en los problemas o necesidades cotidianos, la oportunidad innovar. Los nichos de innovación son posibilidades para responder a requerimientos que quizá no son considerados o expresados por los propios protagonistas. Por ejemplo: plataformas digitales, control de asistencia o comunicación escuela-familia para el nicho “padres”, proyectos escuela-empresa para el nicho “empleabilidad” y asociación de escuelas para brindar talleres extraescolares en el nicho “tiempo libre”. Estos nichos crean valor para grupos específicos y pueden transformarse en proyectos de emprendimiento colegial.

7. Formación de Líderes de Innovación en Aprendizaje

En cada comunidad escolar existen profesores y estudiantes disruptivos, inquietos, originales y creativos, forma equipo con ellos y aprovecha su talento. Estos roles son muy útiles en el colegio, porque con su originalidad mueven los límites de lo posible y alientan al interior de los grupos y equipos, iniciativas que hacen real lo que antes solo era una idea aventurada. Este equipo heterogéneo, pionero y explorador, va probando, ensayando y alentando a los otros a atreverse. 

8. Proyectos intra – inter departamentales

No educamos solos, sino en comunidad. Los líderes escolares, intencionan el trabajo al interior de los equipos docentes, planteándoles desafíos anuales o semestrales, siendo el más importantes el de su propio aprendizaje a través de rutas de desarrollo profesional. Promover proyectos intra-departamental provoca trabajo sinérgico entre educadores de la misma especialidad. Se requieren iniciativas inter-departamentales para construir proyectos colaborativos que superen las tradicionales asignaturas y compartimentos del conocimiento. 

9. Retos institucionales

La innovación educativa es una filosofía de vida, de trabajo y de convivencia, que trae de la mano un reto: aprender para emprender. Cuando todo cambia es necesario que la acción escolar también lo haga. Sirve mucho decretar el año de, el desafío de, el proyecto de, como un todo escolar, esto genera adhesión, norte y guía. Es necesario que estos retos institucionales o anuales vayan en consonancia con los contextos locales, nacionales e internacionales.

10. Incentivos de crecimiento personal

Iniciar procesos de innovación es alentar la movilidad y el desplazamiento a territorios diferentes, muchas veces desconocidos e inciertos. ¿Cómo convertir esta actividad en un hábito y hacerla parte de la cultura escolar? Una posibilidad para alentar, mantener e incrementar la innovación, es premiar las propuestas de innovación que se conviertan en práctica institucional, puede ser con reconocimientos, invitaciones a seminarios, concursos, publicaciones o actividades que los apoyen en su crecimiento. Lo que se busca establecer es que no da lo mismo innovar, que no innovar, las innovaciones se destacan, promueven y dan a conocer, pero sobre todo: crea valor a las personas, se cuenta, se institucionaliza y se hace una práctica organizacional. 

La innovación depende de una serie de recursos, toma de decisión y acciones, pero el primer paso es “querer hacerlo”. 

Atrévete a incursionar en el territorio de lo no convencional, evolucionando a modelos educativos o estrategias que desarrollan en el alumno habilidades alineadas de manera efectiva con un mundo que exige altos niveles de competitividad, multiculturalidad, creatividad y dominio de la tecnología. 

La apuesta por la innovación en la educación es la apuesta por la personalización del aprendizaje que se requiere en tu comunidad. Si quieres saber más, no dudes en escribir a info@clublia.com

Zulema Fernández/ Dirección General Club LIA, Comunidad de Líderes Innovadores en Aprendizaje