Cómo evitar el “burnout” escolar para fomentar el bienestar y la felicidad.

Se acercan las vacaciones y los maestros, alumnos y padres de familia tendrán un par de semanas para descansar de las actividades escolares y empezar con energías renovada este nuevo ciclo. Estos pequeños descansos son indispensables para que todos los integrantes de la comunidad educativa rompan la rutina y liberen el estrés que generan los exámenes, actividades y trabajos de fin de año. 

Es indispensable que como sociedad encontremos herramientas para combatir el agotamiento y el estrés, pues según estudios recientes, casi la mitad de los trabajadores, (incluyendo maestros) experimentan el llamado síndrome de burnout, un término clínico aplicado al ámbito laboral, que se relaciona con síntomas de desgaste físico y mental, como su nombre lo dice: te sientes quemado por la carga de trabajo.

También es preocupante ver que las estadísticas de enfermedades autoinmunes derivadas del estrés van en aumento y que los casos de gastritis y colitis nerviosa afectan cada vez más a nuestros adolescentes y niños. 

Afortunadamente, las empresas empiezan a hacerse conscientes de este problema y han puesto en marcha estrategias para apoyar a sus colaboradores. Los centros escolares también pueden tomar medidas necesarias para ayudar a sus docentes y estudiantes a manejar el estrés de manera saludable y trabajar en la autorregulación del mismo. Poner en práctica estrategias que fomentan el bienestar y la felicidad tiene consecuencias inmediatas, no sólo en el ánimo de los docentes y alumnos, sino en el desempeño y productividad general.

Mientras más feliz se sienta un profesor al frente de una clase, mejor se comunicará con los estudiantes, y será más fácil generar un ambiente de retroalimentación, aprendizaje y armonía, donde ambas partes se sienten motivadas a compartir y dispuestas a recibir conocimiento. 

La principal fuente de estrés y agotamiento de los maestros en el aula, es la falta de confianza para lograr sus objetivos. La autoestima de un maestro disminuye -sobre todo- cuando los padres de familia y directivos ponen toda la responsabilidad del éxito educativo de sus hijos sobre sus hombros, pues cuando esta no es la esperada, el docente se siente culpable de no poder hacer la diferencia y su nivel de frustración y exigencia con los alumnos aumenta, desencadenando más estrés para el alumno, lo que termina por afectar su desempeño y su comportamiento en clase. 

Los problemas de conducta en clase también dañan y agotan la energía de los docentes y de lo miembros del grupo, sobre todo cuando hay estudiantes particularmente desafiantes, pues aumentan el nivel de ansiedad y estrés, haciendo que las clases se sientan pesadas y poco motivantes para el aprendizaje. 

El verdadero agotamiento es mucho más que simplemente sentirse cansado o abrumado, esta falta de energía puede conducir a un estado depresivo. Es por eso que tanto en adultos como en adolescentes y niños es importante estar atento a las señales de advertencia: insomnio, periodos repetidos de olvido, problemas de concentración, problemas de apetito y peso, irritabilidad, agresividad, tristeza o ansiedad constante.

Afortunadamente, todos estos síntomas se pueden prevenir o disminuir considerablemente con recomendaciones muy puntuales y desarrollando las condiciones adecuadas para que en la escuela se pueda trabajar en un ambiente de armonía. La inteligencia emocional es primordial para que el profesor y el alumno logren dar el máximo, se sientan comprometidos y se forme un sentimiento de pertenencia en su comunidad educativa.

Es importante que las instituciones educativas se sensibilicen y tomen las medidas pertinentes para prevenir y manejar el estrés escolar en docentes y en alumnos.

Aquí dejamos algunas recomendaciones que pueden comenzar a implementar: 

1. Considerar incluir en su proyecto educativo, experiencias que aporten a la motivación de su plantilla docente y la felicidad de sus estudiantes.

2. Crear espacios agradables y cómodos en donde puedan relajarse aun cuando se esté trabajando o estudiando. 

3. Fomentar el ejercicio y el movimiento frecuente, así como la alimentación saludable. 

4. Ofrecer apoyo psicológico a los alumnos, familias y maestros que puedan necesitarlo.

5. Implementar estrategias de reducción de estrés escolar y poner en práctica un programa de entrenamiento sobre control y manejo de estrés que brinde las herramientas necesarias para enfrentarlo.

6. Fomentar la implementación de programas de apoyo emocional para afrontar los retos diarios, así como evaluaciones continuas sobre el bienestar físico y mental de los docentes y de los alumnos.

7. Evaluar la carga de trabajo y la exigencia docente y estudiantil, pues dar demasiado peso a las calificaciones en lugar de realmente aprender, puede abrumar a maestros y alumnos. En lugar de enfocarse totalmente en los resultados de los exámenes estandarizados, se debe considerar la participación, el esfuerzo y el progreso de los estudiantes. 

8. Dedicar un tiempo para el cuidado y la salud personal. Podrían hacer meditaciones de atención plena, implementar pausas activas o fomentar la ingesta de agua.

Recordemos que la educación es un trabajo en equipo, donde todos deben de remar para salir adelante y cuando alguno de los elementos no está en condiciones óptimas para hacerlo, el desempeño se ve afectado.

¡Conozcamos los límites! Evitemos asumir más responsabilidades de las que razonablemente pueden manejarse, pero lo más importante, aprendamos a reconocer y comunicar cuando sintamos que se están malabareando demasiadas cosas al mismo tiempo.


Si quieres saber más sobre el manejo de estrés en el aula y cómo preparar a los docentes con las mejores herramientas para librarse del burnout, contacta al equipo de Club Lia vía info@clublia.com. Tenemos un Plan de Bienestar y Felicidad, con las mejores herramientas y estrategias para crear equipos de trabajo más productivos y comunidades escolares más felices.

Por: Zulema Fernández, Directora General Club LIA